Investigadora emérita del IRyA
Susana Lizano Soberón. El nacimiento de las estrellas y los sistemas planetarios
Actualmente se han encontrado exoplanetas en la zona habitable que podrían tener las condiciones para que se desarrolle la vida microbiana; el telescopio James Webb está estudiando su atmósfera

La Vía Láctea dentro de la que vivimos es una galaxia espiral o de disco que está llena de estrellas, gas y polvo girando alrededor del centro, donde hay un hoyo negro supermasivo con una masa cuatro veces superior a la del Sol y gas disponible para formar nuevas generaciones de estrellas.
“Tiene más de 100 mil millones de estrellas y cada una debe tener al menos un planeta alrededor”, estimó Estela Susana Lizano Soberón, investigadora emérita del Instituto de Radioastronomía y Astrofísica (IRyA) de la UNAM e integrante de El Colegio Nacional.
“El gas de las galaxias es muy frío, está hecho de hidrógeno y se encuentra en forma de nubes moleculares, que son las cunas de las nuevas estrellas y tienen formas muy caprichosas. Éstas pueden observarse gracias a instrumentos como el telescopio espacial Hubble y el James Webb, que captan diferentes detalles porque trabajan a distinta longitud de onda”, comentó.
Ante el director del IRyA, Luis Alberto Zapata González, colegas, estudiantes e integrantes de su comunidad, la astrónoma ofreció la conferencia híbrida “El nacimiento de las estrellas y los sistemas planetarios” en el marco del doctorado honoris causa 2025 que le será conferido hoy por la UNAM.
En el Centro Cultural Morelia detalló que las nubes moleculares tienen campos magnéticos relacionados con su evolución y la formación estelar. “Las nubes tienen pequeñas regiones que se vuelven más densas y, por su propia gravedad, colapsan en dirección al centro. Dentro de esos núcleos densos llueve material hacia el centro y se forman embriones estelares”.
Indicó que, como el material de la nube está rotando, parte del mismo forma discos de gas y polvo alrededor de la estrella joven, la cual desde muy temprano eyecta (expulsa) vientos bipolares en forma de chorros hacia arriba y hacia abajo, perpendiculares al disco que tiene a su alrededor. Esos vientos muy poderosos destruyen la nube materna y permiten ver a las estrellas jóvenes.
Cuando se habla de éstas, en tiempos astronómicos significa que tienen unos pocos millones de años, edad breve comparada con la vida de una galaxia o la del Universo.
En estas fases de juventud estelar se observan los flujos bipolares que se conocen desde la década de 1980; uno de sus descubridores fue Luis Felipe Rodríguez Jorge, investigador emérito del IRyA y doctor honoris causa por la UNAM, presente en la conferencia.
El origen
Los discos de gas y polvo se detectaron a fines del siglo pasado; se les llama discos de acreción o protoplanetarios.
“Son las cunas de los sistemas planetarios como nuestro Sistema Solar. Como un tercio de la masa distribuida en el disco está disponible para formar planetas; el 99 % de su material es gas y 1 % polvo, que es un componente muy importante”, resaltó Lizano Soberón.
Ese polvo muy pequeñito empieza a coagularse y a crecer hasta formar rocas del tamaño de kilómetros que, mediante la gravedad, empiezan a atraerse entre ellas hasta formar núcleos planetarios como la Tierra o más grandes.
“Los núcleos planetarios tienen tamaños de miles de kilómetros, pero todo empezó con ese polvo pequeñito que durante miles de años se coaguló o juntó”, apuntó.
Las arquitecturas de los sistemas planetarios son muy diversas, pero hasta ahora ninguna es como nuestro Sistema Solar. “Se han tratado de clasificar y correlacionar con las condiciones iniciales de los discos”, señaló.
La experta puntualizó que muchos de estos sistemas se ubican dentro de la llamada zona habitable, que es en la que puede existir agua líquida.
“Actualmente se han encontrado exoplanetas (planetas fuera de nuestro Sistema Solar) en la zona habitable que podrían tener las condiciones para que se desarrolle la vida microbiana. El telescopio James Webb está estudiando su atmósfera. Se busca en la luz de la atmósfera huellas de actividad biológica como oxígeno, metano y dióxido de carbono”, finalizó.