Afirma Elva Escobar, investigadora de Ciencias del Mar y Limnología
Tratado de Alta Mar, hito para la gobernanza oceánica global
Es el primer instrumento mundial jurídicamente vinculante diseñado para proteger la biodiversidad marina en aguas internacionales
El 17 de enero de 2026 entró en vigor el llamado Tratado de Alta Mar, que oficialmente recibe el nombre de Acuerdo sobre la Conservación y el Uso Sostenible de la Diversidad Biológica Marina de las Áreas Fuera de la Jurisdicción Nacional (Acuerdo BBNJ, por las siglas en inglés de Biodiversity Beyond National Jurisdiction: https://docs.un.org/en/a/conf.232/2023/4).
Resulta ser el primer instrumento global jurídicamente vinculante diseñado para proteger la biodiversidad marina en aguas internacionales, es decir, áreas del océano fuera de las jurisdicciones nacionales de cualquier país.
Es un acuerdo en virtud de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (Convemar). El texto se finalizó durante una conferencia intergubernamental en la ONU el 4 de marzo de 2023 y se adoptó el 19 de junio del mismo año. El 19 de septiembre de 2025, Marruecos se convirtió en la nación 60 en ratificar el acuerdo, sentando las bases para su entrada en vigor en enero de 2026. México firmó en un primer momento el 20 de septiembre de 2023 y ratificó el 22 de septiembre de 2025.
Elva Escobar Briones, investigadora del Laboratorio de Biodiversidad y Macroecología del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICML) de la UNAM y especialista en mar profundo, biodiversidad y su conservación, destacó el hecho como un hito para la gobernanza oceánica global, porque se une a la meta del 30-30 de conservación Kunming-Montreal. “Es un momento histórico, un gran panorama de oportunidades que integra la ciencia con la toma de decisiones”.
Su relevancia, recalcó, es que está diseñado para proteger la biodiversidad en alta mar (más allá de 200 millas náuticas) y regula el 64 % de los océanos (si lo vemos desde la superficie), lo cual representa un desafío muy grande”.
La doctora en oceanografía biológica por la UNAM consideró que son puntos clave del Acuerdo BBNJ que incluya por primera vez el tema de la evaluación de impacto ambiental y monitoreo en el vasto espacio marítimo fuera de la jurisdicción de cualquier nación, que es patrimonio común de la humanidad.
Escobar Briones, exdirectora del ICML, añadió que los principales objetivos del acuerdo son los recursos genéticos marinos, así como el acceso y el reparto equitativo de beneficios para su uso en beneficio de la humanidad, entre otros. Además, remarcó la gestión basada en áreas marinas protegidas para conservar ecosistemas vulnerables, para prevenir daños por actividades humanas que cada día se realizan más lejos de la costa y a mayor profundidad.
“Promueve capacidades en investigación y gestión marina y la transferencia tecnológica en apoyo a países en vías de desarrollo, así como la repartición de beneficios justos para todos los países, especialmente aquellos que no tengan las herramientas para ir a explotarlos o investigarlos”, reiteró Elva Escobar, quien recientemente fue elegida como la ganadora del Premio a la Mentoría de la Sociedad Oceanográfica 2026 (TOS Mentoring Award 2026) por su valiosa labor en la formación de la próxima generación de científicos oceánicos y su liderazgo en la promoción de la inclusión y el desarrollo de capacidades en oceanografía.
Al cuestionarla acerca de si el Acuerdo BBNJ puede ayudar a mitigar el cambio climático y frenar la pérdida de la biodiversidad marina, dijo que por supuesto se relaciona directamente con ambos, al fortalecer la resiliencia mediante las áreas marinas protegidas, ya que las zonas con mayor diversidad e integridad retienen y almacenan más dióxido de carbono (CO2) en el fondo marino mediante organismos especializados en dicha función, lo que ayuda a mitigar el calentamiento global.
“Las áreas alteradas e impactadas emiten más CO2. El Acuerdo BBNJ es clave para la sostenibilidad del océano y la acción climática”, refirió la investigadora, quien indicó que el cambio climático afecta al océano profundo a través de calentamiento, desoxigenación, acidificación y menor aporte de energía a las especies que habitan en él, lo cual se da en sinergia con la contaminación, lo que conlleva a la pérdida de biodiversidad.
“A veces interpretamos la pérdida de la diversidad biológica como extinción, pero en las zonas tropicales, donde está México, muchas de las especies migrarán a altas latitudes más frías, más ricas en alimento y con mejor oxigenación”, apuntó. En este sentido, planteó, que con el cambio climático estas áreas tendrán menos recursos y afectarán la actividad económica.
La científica advirtió que si bien el Acuerdo BBNJ busca proteger al menos el 30 % de los océanos para 2030, lo ideal sería plantear una meta del 50 %.
“El objetivo del 30 % fue adoptado en 2022 para detener y revertir la pérdida de la diversidad, en el Marco Mundial de la Biodiversidad Kunming-Montreal, considerando áreas protegidas bien conectadas y gestionadas de forma equitativa, respetando los derechos locales o de las comunidades indígenas; surge de analizar que con él la vida en el planeta sobrevivirá con las funciones esenciales marinas profundas o en la columna de agua”, adelantó.
Cada día, precisó, se desechan y se extraen recursos de manera no sustentable y que se ha omitido reconocer que la humanidad requiere de la naturaleza para sobrevivir al ser parte de la misma.
Al referirse a la existencia de santuarios marinos en distintas regiones del mundo, comentó que el nuevo marco legal los está incorporando. Algunos de ellos ya habían sido designados áreas marinas de importancia ecológica o biológica o EBSA (por sus siglas en inglés), las cuales cumplen criterios científicos por ser cruciales para la salud de los ecosistemas marinos, al funcionar como hábitats esenciales, zonas de reproducción o refugio para especies únicas, raras o amenazadas.
Las áreas con mayor posibilidad de considerarse reservas protegidas a través de este Acuerdo son tres en el Atlántico: Ciudad Perdida, mar de los Sargazos y dorsal de Walvis; cuatro en el Pacífico: Domo Térmico, la dorsal de Salas y Gómez, Montes Submarinos Emperador y mar de Tasmania; y una más en el Índico: Saya de Malha. No obstante, señaló que los países ratificados tienen la posibilidad de proponer otras EBSA, que “son designadas por criterios propuestos en la reunión de Azores para alta mar y mar profundo”.
Elva Escobar apuntó que las EBSA se consideran áreas vulnerables con especies únicas y raras, sitios de reproducción y refugio de diversas especies, entre otros. “Por ejemplo el mar de los Sargazos: aunque muchas veces se percibe al sargazo como un problema cuando arriba masivamente a las playas, su gran importancia radica en ser el único bosque flotante que existe y un sitio de desarrollo, alimentación y refugio de especies, muchas de importancia económica”.
Respecto a México y sus oportunidades en este Acuerdo, la especialista aseveró que impulsa el fortalecimiento de la colaboración y la investigación internacional, con proyectos conjuntos, acceso a recursos genéticos marinos y a la información digital de secuencias.
En el ámbito de la investigación, subrayó que las ciencias marinas tienen que comprenderse de manera amplia y transdisciplinaria. “Ya no se trata sólo de oceanografía o biología marina, sino de integrar a las ciencias sociales y las humanidades, que también tienen mucho que decir sobre el océano”.
El tratado, relató, “también impulsa la transparencia, la notificación de actividades en alta mar y el reparto equitativo de beneficios, así como la cooperación internacional en el intercambio de datos y conocimiento”; uno de los grandes pendientes “es el estudio de los recursos genéticos marinos fuera de jurisdicción nacional, un campo en el que México aún no ha incursionado plenamente, ahora se abre como una posibilidad concreta para llevar el liderazgo”.
Sobre la política pública, reconoció la complejidad del desafío, ya que las normativas nacionales e internacionales sobre el océano se encuentran fragmentadas y requieren una visión integral. Temas como la minería submarina, los recursos energéticos marinos, la contaminación y las especies altamente migratorias cruzan de manera constante la frontera entre jurisdicción nacional y altamar, requieren con urgencia de una regulación clara y gobernanza.
“El tratado obliga a repensar estos vacíos legales y a definir quién va a monitorear, cómo se gestionan los datos y cómo se reparten los beneficios derivados del uso de los recursos marinos, incluidos los genéticos”, reparó.
México, en su opinión, tiene la oportunidad de ejercer liderazgo regional e internacional, al recordar que el país participó activamente en las negociaciones del tratado y cuenta con investigadores e instituciones que ya trabajan en mar profundo y temáticas del Acuerdo BBNJ.
“Puede desempeñar un papel clave en la transferencia tecnológica y la cooperación, apoyando a naciones de Centroamérica y el Caribe que también poseen mar profundo, pero carecen de infraestructura, de personal capacitado o embarcaciones científicas”, resaltó.
Sobre la ausencia de actores clave como Estados Unidos y Rusia, afirmó que desde la Convemar algunos países no fueron signatarios, lo que explica su ausencia a firmar o ratificar el acuerdo.
“En el caso estadunidense, por ejemplo, se ha expresado interés en la minería submarina, en zonas como Clarion-Clipperton, ricas en nódulos polimetálicos. Esta actividad tendría alto impacto ambiental, razón por lo cual aún está en discusión en la arena internacional de toma de decisiones”, finalizó.
