El Carro de Comedias celebra 30 años con esta farsa
Ubú rey, una sátira feroz del poder
Mario Espinosa dirige la obra del francés Alfred Jarry, que retrata una tiranía violenta, corrupta y absurda que desconoce cualquier oposición y la suprime... ¿suena familiar?

Padre Ubú, azuzado por la ambiciosa Madre Ubú, asesina a Wenceslao, rey de Polonia, y se apodera de su trono, dando inicio a una tiranía violenta, corrupta y absurda que desconoce cualquier oposición y la suprime. ¿Nos suena familiar en lo que va del siglo XXI?
Se trata del montaje número 30 del Carro de Comedias de la UNAM, proyecto profesional de teatro itinerante al aire libre, que celebra aniversario redondo con una apuesta mayúscula: Ubú rey, la obra del francés Alfred Jarry que en 1896 escandalizó a París, y hoy parece escrita con el periódico de ayer.
Bajo la dirección de Mario Espinosa, con adaptación de Maribel Carrasco y producción de Teatro UNAM, la puesta en escena se presenta en formato itinerante desde el pasado 18 de abril hasta el 28 de junio de 2026, con funciones en el Centro Cultural Universitario (CCU) y en muchos otros espacios abiertos.
Que Teatro UNAM haya elegido este título para celebrar la treintena del Carro no es capricho ni azar. Se trata de una decisión que conjuga el simbolismo del número con la lucidez de la elección artística: si el proyecto nació para llevar teatro de calidad a cualquier rincón, la producción que lo conmemora tenía que estar a la altura.
Y para eso se convocó a Mario Espinosa, director de escena con más de 35 montajes de teatro y ópera en su haber, galardonado con la Medalla Xavier Villaurrutia del INBAL y con la distinción Citation Merit, de la International Society for Performing Arts por sus aportaciones a las artes escénicas globales.
Además, Espinosa sabe bien de actores incipientes (el elenco de Ubú rey está integrado en su mayoría por ellos), pues fue director del Centro Universitario de Teatro de la UNAM, y ahora dirige la Organización Teatral de la Universidad Veracruzana. Cuando le preguntaron qué obra le gustaría montar para el Carro de Comedias no tuvo dudas. “Dije, Ubú, porque Ubú se olía”, relató Espinosa. Y el olfato raramente falla.
Ubú rey nació como una broma escolar: el adolescente Jarry la concibió como sátira de un estrafalario profesor de liceo y, sin proponérselo, creó un mito.
Alfred Jarry (Francia, 1873-1907), poeta, dramaturgo y novelista, fue una figura inclasificable que se anticipó a su tiempo: precursor del teatro del absurdo, detonador del dadaísmo y el surrealismo, e inventor de la “patafísica”, que él mismo definió como la ciencia de las soluciones imaginarias.
Cuando el Padre Ubú pronunció en el estreno parisino del 10 de diciembre de 1896 su primera palabra, “¡Mierdra!” (sí, con una erre de más, como insulto con firma), las damas de la burguesía se desmayaron. La transgresión no era accidental: contra el teatro realista de Ibsen y el decoro neoclásico, Jarry opuso la burla sin límites, los personajes de botarga y una lógica radicalmente irracional del poder.
“Vivimos en una época donde hay mucho cinismo y descaro, y si hay una obra que retrata eso, es ésta, completamente actual”. Lo que en su origen era una máscara que arrancaba otras máscaras (las de la política de fin del siglo XIX, las del teatro burgués) hoy no necesita arrancar nada, explicó.
Lo que antes pudo parecer exagerado a sus contemporáneos, hoy parece exacto, incluso conservador. El siglo XX se apropió de Ubú para nombrar a sus tiranos; el siglo XXI lleva visos de superarlo. La farsa, en el montaje de Espinosa, no es mero género sino instrumento filosófico.
“Los gobernantes del mundo ya andan encuerados por todos lados”, apuntó el director, y señaló: “Todo eso ocurre porque todos tenemos adentro algo de Ubú; en nuestras vidas privadas, en nuestra manera de elegir a los gobernantes, de acostumbrarnos a la violencia. No todos son ellos, somos también nosotros”. La banalidad del mal como condición compartida, no como patología ajena.
El montaje traduce esa filosofía en recursos escénicos pensados para el aire libre; el elenco, de seis actores jóvenes, construye su universo sonoro con objetos cotidianos, además de instrumentos convencionales. “Jugamos con botes de agua, con palos, interjecciones”, describió Espinosa. La estética del cómic y lo grotesco se convierten en lenguaje común, accesible y contundente. Padre Ubú y Madre Ubú comienzan siendo personas normales (ambiciosas, sin escrúpulos, pero reconocibles) y se transforman paulatinamente en monstruos que el público identifica sin dificultad.
“La farsa me gusta mucho porque no tiene contemplaciones. No teme al ridículo. Y eso me gusta para esta obra, porque son personas que no tienen temor al absurdo”, concluyó el director.
Dado que el Carro de Comedias es un proyecto itinerante, su programación puede consultarse en: https://teatrounam.com.mx/teatro/