Integrante de esta agrupación desde hace casi 47 años

Un deleite, hacer música con la OFUNAM: Abel Benítez Torres

“Ingresé en la Orquesta en 1979, cuando tenía sólo 25 años, y a partir de entonces he estado haciendo ‘ruido’ con las percusiones en la Sala Nezahualcóyotl”

Desde hace casi 47 años, el percusionista Abel Benítez Torres forma parte de la Orquesta Filarmónica de la UNAM, lo cual lo convierte en uno de los integrantes más antiguos de esta agrupación musical universitaria.

“Ingresé en la OFUNAM en 1979, cuando tenía sólo 25 años, y a partir de entonces he estado haciendo ‘ruido’ en la Sala Nezahualcóyotl… Las percusiones suman una cantidad extraordinaria de instrumentos que requieren una preparación intensa de quien pretende tocarlos: timbales, tambores, platillos, campanas tubulares… En mi caso, las estudié en el Conservatorio Nacional de Música y, posteriormente, en el Centro Cultural Ollin Yoliztli, con el maestro Michael Baker”, comentó al término de uno de los ensayos preparatorios del concierto que, con motivo de las nueve décadas de existencia de la principal orquesta de la Universidad Nacional, se llevará a cabo el próximo sábado en el Palacio de Bellas Artes.

Antes de llegar a la OFUNAM, Benítez Torres tocaba en la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México, la cual no tenía mucho tiempo de haber sido fundada por iniciativa de Carmen Romano, a la sazón esposa del presidente José López Portillo.

“Recuerdo que yo tenía una beca del gobierno de México… El maestro Jesús Antero Chávez, un hombre de casi dos metros de alto, muy voluminoso, que tocaba los platillos en la OFUNAM con una enorme espectacularidad, decidió cambiarse a la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México y dejó un lugar vacante en aquélla. Me enteré de esto y, sin pensarlo dos veces, hice una audición, que todos los músicos que aspiran a tocar en la OFUNAM deben hacer para que valoren sus capacidades y destrezas, y luego de un periodo de prueba, me quedé definitivamente”.

Una familia

Cuando Benítez Torres se incorporó a la OFUNAM, que para entonces ya llevaba más de tres años presentando sus conciertos en la Sala Nezahualcóyotl, en el Centro Cultural Universitario, al sur de Ciudad de México, el director titular de esta agrupación musical era el maestro Héctor Quintanar.

“En esa época, el ambiente dentro de la OFUNAM era muy agradable y cordial. Yo ya había estado en otras orquestas: en la Sinfónica Nacional como invitado, en la Filarmónica de las Américas, en la Filarmónica de la Ciudad de México… Sin embargo, en la OFUNAM todos los músicos formábamos una familia. Además, no escaseaban los maestros que habían tocado con Carlos Chávez, Eduardo Mata…, y quizás alguno de ellos incluso había estrenado el Huapango, de José Pablo Moncayo. Los jóvenes interactuábamos con ellos y los teníamos en un concepto muy alto, porque sin duda eran grandes músicos. Insertarme en esta orquesta fue realmente fantástico para mí, pues me permitió desarrollar todo lo que había aprendido en mis años de estudiante”, dijo.

Conciertos memorables

De acuerdo con el percusionista universitario, el trabajo de un director de orquesta es conjuntar y conducir a todos los músicos para que puedan construir una estructura musical sólida y armoniosa.

“De esta manera, si el director es solvente, la obra sonará muy bien, pero si no, sonará más o menos bien o, de plano, mal. Es decir, el director se sube al podio, ensambla todos los elementos de la orquesta y ésta suena como él quiere que suene. En cuanto a cada uno de nosotros, los músicos, tenemos la obligación de estar preparados y tocar lo mejor posible. Para mí sigue siendo un deleite venir, platicar con mis compañeros y amigos, y hacer música con ellos. Es un trabajo placentero que me llena. Por eso quiero tanto a la OFUNAM. Me recibió cuando yo tenía la formación, pero no la experiencia, y me brindó la oportunidad de adquirirla con ella”.

Foto: Diana Maldonado.

Un concierto que Benítez Torrez guarda en su memoria con especial cariño es aquél en el que la Orquesta, bajo la batuta de Francisco Savín, estrenó mundialmente –el 5 de marzo de 1994 en la Sala Nezahualcóyotl– el Danzón número 2, de Arturo Márquez (dicha obra le fue encargada al compositor sonorense por la Dirección de Actividades Musicales de la UNAM).

“Tuvo tanto éxito ese día que debimos tocarlo de nuevo. El público no dejaba de aplaudir… Según mi apreciación, el Danzón número 2 es, después del Huapango, de Moncayo, la obra con la que más nos identifican a los mexicanos en el resto del mundo. Se programa en todos lados”.

El 14 y 15 de octubre del año 2000 también fueron días inolvidables, ya que, bajo la dirección de José Guadalupe Flores, Abel Benítez interpretó como solista, junto con otros tres percusionistas, el Concierto para percusiones y orquesta, del compositor japonés Toshiro Mayuzumi.

Para el músico universitario ha sido sumamente interesante todo lo que a lo largo de 47 años ha vivido como miembro activo de la OFUNAM.

“Cómo olvidar las transiciones con los distintos directores que han asumido el cargo, los cambios de rector, las huelgas…, en fin”, concluyó.

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