Un extraño Cinco de Mayo

Es muy conocido el hecho de que en los Estados Unidos la celebración del 5 de mayo sea más festiva, ruidosa y colorida que en nuestro propio México. Del otro lado de la frontera, la fecha se celebra con desfiles, bailes, festivales, y desde luego nuestra comida y bebida tradicional. Es cuando los restaurantes mexicanos hacen “su agosto “y el tequila y ahora también el mezcal, se consume en importantes medidas. Siendo una fiesta mexicana los hermanos latinos de otros países de origen, han hecho suya la fecha. Es el día de la hispanidad americana, de los latinos, mexicanos y chicanos. Entonces se comen junto a los moles y las tostadas, las popusas, ceviches, cocidos, empanadas y demás. Es muy probable que la mayoría de los estadounidenses no sepan lo que sucedió el 5 de mayo de 1862, y menos que el General Zaragoza era Coahuiltejano, y por eso, es en Texas donde se inicia la celebración festiva de la fecha en que el Ejercito Mexicano venció a los invasores franceses en Puebla.
La fecha es también oportunidad para recordar a los estadounidenses que el 5 de mayo no es la celebración de la Independencia de México y que nosotros recordamos el 16 de septiembre como el inicio de ese movimiento armado.
El contingente chicano suele hacer propicia la oportunidad para recodar a César Chávez y todo el movimiento de la Farmworkers Unión.
Sin embargo, este 5 de mayo fue diferente. Los desfiles y festivales se cancelaron. Los restaurantes registraron poca clientela y las toneladas de aguacate exportadas hacia Estados Unidos se quedaron en los refrigeradores. Nuestra gente sencillamente no salió, no festejó y, si consumieron tequila y mezcal, fue en sus propias casas, con poca algarabía y nostalgia acallada.
La razón no se nos escapa, es producto de la atmósfera enrarecida que ha propiciado la política migratoria del presidente Trump. Esta política expresada en órdenes ejecutivas, proclamaciones, memoranda y hasta instrucciones filtradas a los medios, está produciendo sentimientos de ansiedad, incertidumbre, temor, depresión y soledad.
Si para la mecánica cuántica y las teorías que buscan explicar el origen el universo el principio de incertidumbre es esencial, lo mismo es lo que sucede hacia al interior de nuestras comunidades; es decir, priva la incertidumbre. Y sí, como dice la canción de Gonzalo Curiel, “ay, cómo es cruel la incertidumbre”.
No podemos sorprendernos por la actual política migratoria. En su primer periodo de Gobierno Trump propuso algunas medidas que ahora busca, en este segundo periodo, extender y radicalizar. La migración fue uno de los ejes de su campaña electoral que lo trajo de vuelta a la Casa Blanca.
Lo que de alguna manera llama la atención es la rapidez y profundidad con la que aterriza esta nueva política en materia de migración. Hasta el día de hoy el presidente ha firmado 143 órdenes ejecutivas muchas relativas a la migración y esas se han acompañado de proclamaciones y memoranda. Incluso instrucciones superiores se filtraron en el sentido de que a las oficinas y agentes de migración se les había señalado una cuota de arrestos y deportaciones para cumplir con el compromiso de llegar a lo que él ha llamado, deportaciones masivas, tan masivas como nunca en la historia de Estados Unidos de América.
Las órdenes ejecutivas etiquetan a nuestros migrantes sin estatus migratorio como invasores y criminales, y construyen un anillo en torno de ellos que busca hacer intolerable para ellos el quedarse en Norteamérica. No es verdad que solo se esté buscando a aquellos indocumentados con un récord criminal, o que hayan estado en suelo estadounidense menos de dos años, o que estén dentro de las 100 millas de la frontera. Hoy se trata de arrestarlos y deportarlos en cualquier lugar y en cualquier condición. Los estados, ciudades y jurisdicciones santuario han dejado de ser lugares en los que no puedan practicarse arrestos. Ya no son sitios santuarios, los santuarios propiamente dichos, ni las iglesias, los templos, ni las escuelas ni los hospitales. Muchas de las policías locales que se habían negado a cooperar con agencias federales en el ámbito de la migración ahora han firmado acuerdos de cooperación, bajo la amenaza de que en caso de no hacerlo se les deja sin apoyos federales y se hacen sujetos de consecuencias administrativas y penales.
A las agencias, organismos e instituciones que contaban con apoyos económicos federales para ayudar a extranjeros, les han sido suspendidas esas ayudas federales.
En esta hipótesis se encuentran centros de salud y organismos de asesoría jurídica gratuita. Debido a que obtener servicio médico o cobrar una pensión con documentos falsos es un delito que puede ser usado por la administración para deportarlos e incluso encarcelarlos, el seguro social debe hacer una búsqueda en sus registros de cualquier persona a la que indebidamente se le haya prestado el servicio con beneficios, Medicaid y Medicare.
Todos los extranjeros que no se hayan registrado ante una autoridad federal, léanse los indocumentados, tienen la obligación de registrarse y de no hacerlo se hacen acreedores a sanciones penales, civiles y la sanción de prohibición permanente de regresar a los Estados Unidos. Es decir, tan malo es registrase como no hacerlo.
A las familias llamadas híbridas, esto es, con miembros con estatus migratorio y sin él, tratan de convencerles de que, incluso los que tengan documentos, salgan del país voluntariamente acompañando a los que no los tienen. También habrá que considerar que el próximo 15 de mayo la Corte Superama de los Estados Unidos escuchará argumentos de las partes en el juicio que se sigue por la orden ejecutiva que permite que se prive de la nacionalidad por nacimiento a los hijos o hijas de padres o madres indocumentadas o con residencia no permanente. La Corte tendrá que decidir si esa orden es contraria o no a la Enmienda # 14 de la Constitución, del año 1868.
Lo anterior sirve como ejemplo para mencionar que el presidente ha decidido utilizar leyes de fines del siglo XVIII y principios del XIX a fin de que, a las personas sujetas a deportación o expulsión no tengan acceso a la justicia y a un debido proceso legal ante un juez frente al cual puedan defender su caso.
Hay varias órdenes ejecutivas que hoy están con suspensiones dictadas por jueces federales que, sin embargo, han sido apeladas o serán apeladas por el Ejecutivo y seguramente varias encontrarán su camino hacia la Suprema Corte que deberá resolver, en definitiva.
La última medida donde ofrecen mil dólares a aquellos que voluntariamente quieran deportarse, es muestra de que con las fuerzas actuales de empleados encargados de hacer cumplir la ley, no se alcanzarán las deportaciones masivas que prometió el presidente.
Bajo estas condiciones no es extraño que este 5 de mayo haya sido tan diferente. ¿Acaso hay algo que festejar? Trece millones de personas dentro de las cuales por lo menos la mitad son mexicanos pueden responderlo, dolorosamente.
*Coordinador del Programa de Apoyo a Mexicanos en el Extranjero PAME UNAM