A sus 91 años se presentó en la Neza

Un mundo sin jazz sería terrible: George Coleman

“He pensado varias veces en el retiro, pero siempre regreso”, dijo el legendario saxofonista de Memphis, con una trayectoria que incluye colaboraciones con Miles Davis, B. B. King, Charles Mingus y Max Roach, y quien ha desarrollado un estilo propio forjado bajo la influencia de Charlie Parker, John Coltrane y Sonny Rollins

Foto: Rodrigo Vázquez.
A medio siglo de la inauguración de la Sala Nezahualcóyotl, la presencia del legendario saxofonista George Coleman y su grupo nos hace recordar que el primer concierto de jazz en el recinto estuvo a cargo de Charles Mingus en 1977.

Fuimos muchos los jóvenes que deliramos ante la actuación del contrabajista, así como lo hemos hecho con otros jazzistas a lo largo de estos años. Por ello, hoy resulta alentador que las nuevas generaciones hayan encontrado en el concierto que Coleman ofreció, el pasado lunes 28 de septiembre como parte del Festival CulturaUNAM, una oportunidad de experimentar el jazz en vivo con grandes maestros.

La emotiva presencia del saxofonista estadunidense demostró por qué ocupa un sitio privilegiado entre los grandes del jazz. A sus 91 años ofreció un concierto caracterizado por su magistral inventiva al otorgar a cada nota su justo valor con un repertorio que lo mismo incluyó piezas clásicas como Autumn Leaves, Body and Soul, St. Thomas y I Can’t Give You Anything But Love, que algunas de sus composiciones, entre ellas Bb Blues, un ardoroso tributo a las raíces de la música que le robó el corazón desde que escuchó a Charlie Parker.

Al ver a este hombre con problemas de movilidad y sin visión tocar su instrumento con la sapiencia que le otorga su larga experiencia, el público reaccionó con gritos y silbidos, una muestra clara de que el jazz conecta generaciones.

Coleman estuvo acompañado por su hijo, el baterista George Coleman Jr., el pianista Elan Mehler y el contrabajista Paul Gill. Además, se sumó el joven saxofonista mexicano Alan Villanueva, quien alternó con el maestro para mostrar que el acto de creación no se rige por la edad cronológica, sino por la sensibilidad y la imaginación.

La lista de los músicos con los que ha colaborado es tan larga como fundamental para la historia del género. Baste destacar su trabajo con figuras como B. B. King, Charles Mingus, Miles Davis o Max Roach, por no hablar de sus propios grupos.

Luego de una vida tan productiva, ¿piensa en el retiro? Ante la pregunta, Coleman sonríe y responde: “He pensado varias veces en el retiro, pero siempre regreso. Todavía puedo tocar y tengo la fortuna de mantener mi salud mental, recuerdo todas las piezas y las puedo interpretar en casi todos los tonos”.

Nacido en Memphis, Tennessee, en 1935, se forjó en los competitivos clubes de la famosa calle Beale, donde se acercó a diversos géneros musicales. “En esa época solía escribir algunos arreglos para B. B. King, que en su banda tenía dos trompetas y tres saxofones: alto, tenor y barítono –dijo en entrevista–. Apenas tenía como 17 o 18 años, pero había escuchado a todos los grandes saxofonistas: Charlie Parker, Sonny Stitt y John Coltrane. También influyeron en mí pianistas como Bud Powell, Barry Harris y Bob Talley”.

Una de sus grandes experiencias fue colaborar en el grupo de Miles Davis, a quien califica como un líder grandioso. “Le gustaba cómo tocaba, porque sabía cómo seguirlo. Él tocaba una melodía y yo hacía la armonía detrás de él, como en la pieza So Near, So Far. También participé en el grupo del baterista Max Roach y en 1958 nos presentamos en el Festival de Jazz de Newport. Tocábamos muy rápido, porque él era el baterista más rápido del mundo. Charles Mingus, con quien también toqué, estaba enamorado de mi sonido. Debo decir que la mayoría de los músicos adoraban lo que hacía porque tenía una gran técnica y sabía cómo armonizar y tocar en todos los tonos”.

El saxofonista define su estilo como “una acumulación de todo. He tocado como Charlie Parker, como John Coltrane, como Sonny Rollins, como todos los grandes músicos. He sido capaz de emularlos, pero desarrollé mi estilo, mi sonido. Cuando me oyen saben de quién se trata”.

¿Concebiría un mundo sin música? George Coleman sonríe y responde: “Un mundo sin música, especialmente sin jazz, sería horroroso, terrible. Por eso abracé esta música hace muchos años, inspirado por Charlie Parker. Cuando lo escuché tocar el alto me dije: quiero tocar el saxofón”.

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