Uno entre millones, de Néstor Jiménez, en el MUAC

Un reflejo de la realidad de las personas comunes

Foto: Ramiro Chávez / Cortesía Proyectos Monclova.

Cada vez eran más”, recuerda Néstor Jiménez al pensar en los moños negros en las fachadas de su colonia. “Te da para pensar qué está sucediendo. Es un termómetro del bienestar social”. Hubo una época en que esas cintas de luto se fueron multiplicando en su antiguo barrio de Coyoacán. El artista decidió contarlas y pintarlas. Detrás de cada moño hay una vida que sostuvo otras vidas. Son el Uno entre millones, título de su exposición en el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC), que abre el 7 de febrero.

Jiménez (Ciudad de México, 1988), egresado de la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”, trabaja sobre los procesos de construcción de la memoria histórica y política, las distorsiones del pensamiento de izquierda y la función política de la representación del territorio, creando un relato antagónico al estatal sobre el desarrollo histórico de la movilización social.

“En México hay muchos más desempleados que empleados. Ya no puedes hablar de una nación constituida por trabajadores cuando no hay realmente empleo”, afirmó. El contraste es brutal: mientras el muralismo celebraba al trabajador como eje de la nación, 60 % de la población sobrevive hoy gracias a la economía informal.  Uno entre millones materializa esta fractura en seis obras que van de la pintura monumental al collage, pasando por la escultura cinética y la cerámica.

Uno entre millones puede representar al hombre destacado, al mismo tiempo que al perdido en la masa”, explicó sobre el título ambiguo. “Puede ser una autoproclamación arrogante, pero también me introduce en la vida de los hombres trabajadores comunes, tal como me sigo asumiendo: una persona común que realiza un trabajo con ética”.

La muestra forma parte del programa de obra comisionada del MUAC, que desde 2024 impulsa artistas jóvenes para aumentar su proyección. Bajo la curaduría de Lucía Sanromán, la exposición traza lo que Jiménez llama “la epopeya del hombre común” (alimentación, educación, trabajo, muerte y memoria), las batallas del mexicano promedio donde la precariedad se normaliza.

“Toda vida puede ser extraordinaria. Así como también puede perderse en la nada”, reflexionó el artista. “Gente con mucha importancia social, de la que nadie se acuerda, frente al padre que se preserva en la memoria colectiva de la familia”.

Esta tensión atraviesa la exposición, cuyo eje es un retrato mortuorio: el del padre del artista, trabajador común, pintado con lapislázuli, blanco de plomo y bermellón sobre un bastidor de pino: la madera de los ataúdes. “Era el contraste: el ataúd más humilde con los pigmentos más asociados a la realeza”, precisó.

Seis casas con moños negros componen Noche de velorio, documentando horas entre las seis de la tarde y las cinco de la mañana. “En las zonas más versátiles en movilidad social es donde esto está sucediendo”, señaló. “La preservación del moño negro te habla de la tensión entre desarrollo urbano y el social”. Coyoacán, donde vive y trabaja, concentra esa paradoja.

“Tenemos en México esta cuestión de referirnos a las personas que no realizan trabajo intelectual como un proceso de animalización”, denuncia al hablar de La yunta, pintura monumental y pieza central de la muestra donde lápices gigantes se convierten en herramienta de opresión. “Las orejas de burro, la amenaza de acabar de cargador en La Merced… como si el trabajo físico te desterrara del mundo de lo humano”.

El cuadro, en el que se representan el concreto, la madera y la grava (materiales con los que se familiarizó durante su crianza), dialoga con el muralismo mexicano, pero desde la experiencia personal, no la retórica estatal.

En otra obra, un collage de casi 300 figuras de papel periódico que representa trabajadores informales incorpora una dimensión performática e irónica que se dio durante su elaboración, en la que el artista trabajó con una asistente recortando las figuras a partir de anuncios de trabajo de los periódicos. “Seguíamos la metodología de buscar trabajo: levantarse temprano, comprar el periódico, recortar anuncios”, relató.

“Entramos en la performatividad del desempleo. A la semana no hallábamos suficientes anuncios para lograr la meta que nos habíamos propuesto sobre el número de figuras. Éramos un nudo de nervios porque no lográbamos resolver la situación, como el trabajador desempleado común”. La pieza se basa en los recortes que Hans Christian Andersen usaba para ilustrar cuentos. “Para mí era importante explicar ese gran cuento del bienestar social que cada vez es más lejano”, concluyó.

Sanromán describió la muestra como “un ensayo sobre una masculinidad vulnerable capturada entre las condiciones del capitalismo industrial y otra cosa aún por definir”. Esa otra cosa, marcada por las plataformas digitales y la automatización, ya suplanta al “hombre común” que Jiménez honra. Uno entre millones estará en exhibición en la Sala 3 del MUAC hasta el 3 de julio.

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