Presentan libro de Alma Delia Murillo

La literatura como resistencia ante la crisis de desapariciones

La actividad se realizó en el marco del Seminario “Saberes, miradas y voces para una transformación cultural”, impulsado por la Cátedra Extraordinaria Trata de Personas y Violencias

Mario Luis Fuentes, la autora y Elsa Margarita Ramírez. Foto: Cátedra Extraordinaria de Trata de Personas.

El pasado 19 de mayo se llevó a cabo la sesión La literatura como forma de resistencia y memoria ante las violencias, en el marco del Seminario Saberes, miradas y voces para una transformación cultural, impulsado por la Cátedra Extraordinaria “Trata de Personas y Violencias”. El seminario se ha concebido como un espacio de diálogo y reflexión entre la comunidad universitaria, integrantes de colectivos y organizaciones de la sociedad civil, periodistas y personas servidoras públicas en torno a la trata de personas y las múltiples violencias que enfrenta el país, particularmente aquellas que, aunque no siempre terminan con la vida, destruyen familias, proyectos y horizontes colectivos, como la grave crisis de desapariciones que enfrenta México.

En esta ocasión, la Biblioteca Central fue sede de la presentación del libro Raíz que no desaparece, de la escritora Alma Delia Murillo. En el encuentro participaron la Directora General de Bibliotecas y Servicios Digitales de Información, Elsa Margarita Ramírez Leyva, y el Titular de la Cátedra, Mario Luis Fuentes. La actividad reunió a integrantes de la comunidad universitaria en uno de los espacios más emblemáticos de la Universidad, en el marco del 70 aniversario de la Biblioteca Central, símbolo del conocimiento y la vida cultural universitaria.

Al abrir la sesión, Elsa Margarita Ramírez Leyva destacó que las bibliotecas no sólo resguardan acervos documentales, sino que permiten acercarse a realidades complejas, fortalecer la comprensión crítica del mundo y contribuir a su transformación. Señaló que la Biblioteca Central representa de manera ejemplar esa vocación universitaria al conjugar su valor artístico y arquitectónico con su función como espacio de difusión del conocimiento.

Durante su intervención, Mario Luis Fuentes afirmó que “la UNAM vibra en sus bibliotecas” y sostuvo que no existe espacio más representativo que la Biblioteca Central para expresar la vitalidad cultural de la Universidad. Recordó que este recinto, que celebra siete décadas de existencia, constituye un símbolo del compromiso universitario con la construcción de una ciudadanía que ponga al servicio de la sociedad los saberes que desde la Universidad de la Nación se generan todos los días.

Asimismo, señaló que uno de los grandes desafíos contemporáneos consiste en construir nuevas palabras y narrativas capaces de nombrar realidades que desbordan los marcos conceptuales tradicionales. Explicó que categorías como “trata de personas” resultan insuficientes para describir plenamente las dinámicas de cosificación, sometimiento y despojo de la dignidad humana que caracterizan las distintas expresiones de las violencias, por lo que pensar y nombrar estas realidades desde las artes y, particularmente, desde la literatura, resulta indispensable para enfrentarlas.

Durante su participación, Alma Delia Murillo evocó una frase del naturalista y escritor Joaquín Araújo que sirve como punto de partida de su obra: “Todos los libros son publicados por el bosque, todos los maestros son hijos de los libros y todos los alumnos son nietos de un árbol”. A partir de esta imagen, explicó que los árboles ocupan un lugar central en la novela como testigos silenciosos de las atrocidades, pero también de la verdad.

La autora señaló que Raíz que no desaparece surge de la necesidad de narrar una de las crisis humanitarias más profundas que enfrenta México: la desaparición de personas. Frente a una realidad marcada por más de ciento treinta mil ausencias, explicó que la literatura puede ofrecer un lenguaje capaz de acercarse a aquello que con frecuencia rebasa las categorías periodísticas y estadísticas.

Murillo compartió que, para escribir la obra, acompañó a madres buscadoras en jornadas de búsqueda y sostuvo conversaciones con más de veinte familias. Esa experiencia, afirmó, le permitió comprender la dimensión material y emocional de un proceso en el que el amor y la persistencia se convierten en formas cotidianas de resistencia. También relató que muchas madres le hablaron de sueños premonitorios en los que sus hijos e hijas les ofrecen pistas sobre dónde podrían ser encontrados “¿Qué vamos a hacer con estas formas de conocimiento que escapan a la lógica academicista?”, cuestionó.

“Tener un desaparecido es un no tener”, afirmó la escritora al reflexionar sobre la paradoja que enfrentan miles de familias mexicanas. No tener significa carecer de certezas, no contar con un cuerpo, no disponer de un lugar para el duelo y vivir en una espera suspendida que transforma radicalmente la experiencia del tiempo, de la identidad y de la vida cotidiana.

La autora subrayó que la crisis de desapariciones no es un problema ajeno ni circunscrito a ciertas regiones del país. Por el contrario, se trata de una realidad que atraviesa prácticamente todo el territorio nacional y que interpela a la sociedad en su conjunto. Murillo afirmó que las madres buscadoras “nos están maternando a todos”, ya que su lucha no se limita a encontrar a sus propios hijos e hijas, sino que también defiende el derecho de toda la sociedad a vivir en un país donde la desaparición de personas no sea tolerada ni normalizada.

En ese sentido, destacó que los colectivos de búsqueda resultan incómodos porque han asumido tareas que corresponden al Estado: son las propias familias quienes han geolocalizado fosas clandestinas, construido registros y desarrollado bancos de datos forenses indispensables para avanzar en la localización e identificación de personas desaparecidas. Su labor, subrayó, constituye una aportación fundamental para el esclarecimiento de la verdad y para la reconstrucción de la memoria colectiva.

“Son nuestra reserva de dignidad”, expresó al reconocer que las familias buscadoras están haciendo aquello que las instituciones no han logrado garantizar plenamente. Con su trabajo cotidiano, sostuvo, no sólo buscan a sus seres queridos, sino que también están cuidando a toda la sociedad y preservando la posibilidad de construir un país justo.

Finalmente, la escritora recordó uno de los momentos más conmovedores vividos durante la marcha del pasado 10 de mayo, cuando las madres buscadoras ofrecieron alimentos a quienes las acompañaron. “Por venir a poner el cuerpo con nosotros, les queremos compartir esto”, recordó que dijeron. Para Murillo, este gesto resume la enorme dignidad, generosidad y capacidad de cuidado de quienes, incluso en medio del dolor, siguen convocando a la solidaridad, la memoria y la esperanza. “Si ellas no se cansan, tampoco nosotros podemos cansarnos de acompañarlas. Necesitamos una estética de la resistencia para enfrentar esta crisis, que es de todos”, dijo.

Al referirse a la obra de Alma Delia Murillo, Mario Luis Fuentes, compartió que el libro transformó su manera de mirar a los árboles, pues gracias a este libro ahora ve en ellos testigos silenciosos de las huellas que deja la desaparición de personas. Subrayó que el asombro debe ser una herramienta indispensable para aproximarnos mejor a la complejidad de las violencias, de lo social y para poder pensar colectivamente cómo enfrentar esta grave fractura social de la que adolece el país. “Que el azoro nunca deje de cimbrarnos”, concluyó.

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