¡VENGA! ¡ESTAMOS CON USTEDES! ¡ESTO APENAS EMPIEZA! ¡VAMOS POR MÁS!

Como en aquel viejo poema italiano: y se hizo la noche.

La fiesta esperada se transformó en algo oscuro y raro en el segundo tiempo. Hubo primero rayos y truenos en el cielo; y luego del gol que igualó los marcadores, al minuto 50, una lluvia de consistencia ligera pero tupida fue un tapiz para el resto del juego.

Por lo sucedido en alguno de los partidos de la liguilla alguien escribió que Pumas era una escuadra que a ratos parecía dirigida no por Efraín Juárez sino por Alfred Hitchcock. El suspenso fue el sello de la casa en estas varias series finales, y en dos casos se logró avanzar, pero en el último escalón vino el tropiezo, con dos momentos previos muy concretos: la salida de Carrasquilla por lesión, al 58, y la expulsión de Antuna, al 90. Ya no había forma de reaccionar.

Todo se precipitó hacia un final rotundo, pues fue el argentino Rodolfo Rotondi, el que con la zurda marcó el 2-1 para Cruz Azul, al 94, y esa fue la rotura de un sueño que concentró un caleidoscopio de sentimientos, pues el de Pumas es un equipo que desfiló, en este Clausura 2026, siempre al filo de la navaja. Llegó a la cima del liderato, mas no conquistó la cumbre.

Fotos: Club Universidad Nacional.

No se olvide todo lo que han hecho, pues eso puede marcar lo que vendrá.

La noche esta vez fue de ellos… mas los cantos no cesaron. Hasta el fin se escuchó en el Olímpico Universitario: “Cómo no te voy a querer / cómo no te voy a querer / si mi corazón azul es / y mi piel dorada / siempre te querré”.

Mientras se preparaba la ceremonia, los de Pumas se plantaron en la cancha, con la mira puesta hacia el pebetero, reconociendo el acompañamiento de su afición, y con la frente muy en alto.

Hay que atender a lo que sigue. Este es sólo el comienzo. ¡Gracias!

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