Contrapunteando: tres ejemplos de ciberactivismos feministas

“Las TIC son un megáfono para el activismo”.
Olga Berrios, activista digital

Los ciberactivismos son un fenómeno más o menos reciente que ha logrado articular las luchas sociales del día a día con las tecnologías de la información. De este modo, las demandas, denuncias y propuestas amplifican su margen de acción y pueden llegar a mucha más gente.

Se desenvuelven sobre todo en las redes sociales, por el fácil acceso que las personas tienen a éstas. Su portabilidad y sencillez de su interfaz permite que cualquiera pueda usarlas sin necesidad de ser experta.

Es gracias a esta accesibilidad que las personas han podido ganar mayor libertad a la hora de consumir contenido multimedia: hemos pasado de ser receptoras pasivas a ser generadoras y distribuidoras de contenido, por medio de pequeños videos, textos escritos, imágenes o audios.

Así, podemos accionar en distintos ámbitos de la vida que van desde promover algún negocio o encontrar una mascota extraviada, hasta abrir espacios de reflexión, instar a sumarse a movilizaciones en las calles, posicionar temas de debate en la opinión pública, y visibilizar situaciones como violaciones a derechos humanos en territorios de conflicto bélico.

El impacto de esta nueva forma de organizarse vía web es impresionante, pensemos, por ejemplo, en cómo las estudiantes universitarias han visibilizado en la última década la violencia por razones de género que vivieron en sus campus y la enorme repercusión que tuvo en nuestra universidad a nivel estructural.

Por ello, en esta ocasión, y en el marco del 8M Por un mundo digital inclusivo: innovación y tecnología para la igualdad de género, desde la Coordinación para la Igualdad de Género queremos traer a la memoria 3 ciberactivismos feministas que han logrado cambiar los paradigmas de nuestra sociedad.

La Corregidora

Desde el año 2017, esta página alojada en Facebook se dedica a “arreglar titulares incorrectos”, es decir, detecta narrativas machistas, misóginas o revictimizantes en los encabezados de los principales periódicos del país y los interviene con un lenguaje respetuoso y con perspectiva de género.

#IngridEscamilla

En febrero del año 2020, México se solidarizó vía redes sociales con nuestra compañera Ingrid Escamilla Vargas, egresada de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, quien fue víctima de feminicidio. Las imágenes de su muerte se filtraron a los medios, por lo que la usuaria en Twitter Cit (@citcitcitcit_) propuso inundar las redes con fotos “bonitas” y etiquetarlas con su nombre para evitar que los motores de búsqueda arrojaran las imágenes del hecho.

La iniciativa logró que, en unas horas, más de 6,000 personas compartieran fotos de atardeceres, mascotas, flores, y otras imágenes amigables, con su nombre. Un año después el congreso de Ciudad de México aprobó la Ley Ingrid, centrada en salvaguardar la dignidad de las víctimas de un delito y que castiga hasta con 10 años de prisión a quien difunda contenido relacionado con los procedimientos derivados de éste.

#MeToo

Cómo olvidar este movimiento que en 2017 unió a millones de mujeres en el mundo. Visibilizó la violencia sexual que hay en nuestras sociedades y, aunque se inició en Hollywood, una de las industrias más poderosas en todo el planeta, pronto se expandió por todo el mundo: en Japón se registraron 1.7 millones de post denunciantes y en Nigeria casi se alcanzó el millón de estas publicaciones. ONU Mujeres contabilizó para el año 2020, más de 38 millones de post en redes sociales que incluían el hashtag en distintas lenguas.

#CerremosLasBrechas

Las redes sociales son una valiosa herramienta para la denuncia, la unión y la movilización; sin embargo, uno de los principales problemas que impiden que todas las personas puedan empoderarse de esta forma, es la brecha digital. Muchas personas aún no tienen acceso a internet o a dispositivos electrónicos que les permitan aprovechar estas plataformas para visibilizar sus realidades o incidir de forma política en ellas.

Tenemos mucho camino por recorrer en materia de igualdad, pero la buena noticia es que todas, todos y todes podemos hacer algo.

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