La labor del profesorado va más allá de transmitir conocimientos

MÁS QUE ENSEÑAR, ACOMPAÑAR

En la Prepa 5, la maestra Romina Medina ha hecho que su salón sea mucho más que un espacio de clases al transformarlo en un lugar de confianza, escucha y orientación vocacional

Foto: Eric Noxpanco.

Un grupo heterogéneo de adolescentes se reúne afuera del salón E11 de la Escuela Nacional Preparatoria 5 de la UNAM. Entran y se acomodan en los pupitres, pero no eligen los de la última fila, sino los de en medio. Afuera, una voz les dice: “¡Chicos! No se vayan, ya estoy aquí”. Es la maestra Romina Medina, titular de la asignatura Orientación Educativa.

Con paso tranquilo, entra en el aula, donde la esperan más de 30 estudiantes para entregar sus trabajos finales. Ella saluda con un afable “¿cómo están?”, y se arma un barullo en el que se alcanza a oír “bien”, “mal” y “¡no se vale!”. ¿Pues, qué pasó?, pregunta la docente y una alumna se adelanta para explicar lo sucedido, “porque a la miss le podemos contar cualquier cosa con confianza”, afirman sus estudiantes.

Y así, aquella joven inicia con la crónica de, lo que para ella, es una injusticia en su contra cometida por un profesor, el cual no quiso exentarla pese a que la suma de todos sus trabajos previos daban, según la sumatoria de su calculadora, un ocho exacto. Sin embargo, más allá de darle la razón, la maestra la cuestionó sobre si estaba siendo honesta y si había cumplido con lo solicitado en ese curso, pues la responsabilidad es un valor que –coinciden sus estudiantes– ella siempre promueve.

Está convencida de que las nuevas generaciones tienen una forma distinta de aprender y que hay que adaptarse a ella: “Antes se ocupaban los acetatos y después las presentaciones de PowerPoint. Ahora el estudiantado no emplea eso, ni siquiera sabe qué es. Hay que evolucionar, ya que, tras la pandemia en especial, todo cambió mucho”

Lo anterior es sólo un ejemplo de lo que vive la profesora Karla Romina Medina a diario. Psicóloga de profesión, desde 2016 dedica su vida a la docencia. “Para mí, es muy bonito y motivador. Me gusta estar con mis alumnos e inspirarlos a encontrar su propósito”.

Romina está convencida de que las nuevas generaciones tienen una manera distinta de aprender y que hay que adaptarse a ella. “Antes se ocupaban los acetatos y después las presentaciones de PowerPoint. Actualmente, el alumnado no emplea eso, ni siquiera sabe qué es. Hay que evolucionar, ya que, tras la pandemia en especial, todo cambió mucho”.

Además de emplear nuevas plataformas y enseñar el uso crítico y ético de las aps de inteligencia artificial, la profesora sabe que su labor va más allá de transmitir conocimientos. “No es sólo enseñarles el contenido de alguna materia; hay que escucharlos, adentrarse en su mundo, saber qué oyen, comen o ven, y relacionarlo con lo que estamos enseñando para que le encuentren un vínculo a lo aprendido en clase, con sus vidas”.

Actuar de esta manera tendrá un gran impacto, ya que, asegura, los profesores deben despertar en las nuevas generaciones la curiosidad, motivación y gusto por el estudio. “A esta edad debemos comprender que hay chicos que vienen a la escuela a hacer amigos más que a formarse, pues es lo más importante en este momento para ellas y ellos”.

Lograrlo es un reto que la maestra Romina enfrenta a diario, ya que es muy común tener en la misma aula a alumnos muy centrados y a otros desmotivados. “Estos últimos parece que llegan al salón con pereza y sin ganas de hacer nada. No participan y no quieren esforzarse; justo a ellos son a los que pongo a trabajar en talleres de regulación emocional”.

Y es que hay jóvenes que entran a las aulas cargando mucho más que una mochila… Lo hacen con dudas, presiones o emociones a las que no saben ponerles palabras. “No sé qué me pasó, pero no tenía ganas de levantarme ni de comer, estaba muy indecisa, no tenía claro nada”, relató Briana Hernández, estudiante de la profesora.

Rodrigo Morales, también inscrito en la asignatura de Orientación Vocacional 5, experimentó esa misma sensación. “Me guardaba mucho todo; lo sentía, pero no sabía cómo expresarlo y tenía muchos problemas para manejar tales estados de ánimo”. Por esa razón, decidió tomar talleres extracurriculares de regulación emocional con su profesora.

En la “miss Romina”, como le llaman ellos, encontraron escucha, acompañamiento y empatía. Aunque sólo tomaban una clase a la semana con ella, “era un momento que esperaba porque podía liberarme y hablar extensamente sobre cómo me sentía”, confesó Briana.

Para el alumnado, encontrar un espacio donde alguien los escucha cambió su forma de relacionarse con la escuela y, a través de sesiones dinámicas, dibujos y trabajos generados con ayuda de la IA, la docente les enseñó herramientas para su día a día. “Es más fácil comprender cuando ellos te entienden a ti”, aseguró Rodrigo. “Hablar con ella me ayudó a elegir carrera”, agregó su compañero Gabriel Díaz.

Para esta profesora la docencia debe ser más equitativa y dirigirse siempre con respeto a los estudiantes, entendiendo que se trata de personas que atraviesan por un proceso de desarrollo tan complicado como suele ser la adolescencia. Por eso, aunque les pide que tengan disciplina y constancia, también es cercana a ellas y ellos

Para la maestra, la docencia debe ser más equitativa y tratar siempre con respeto a los estudiantes, siempre entendiendo que se trata de personas que atraviesan un proceso de desarrollo tan complicado como suele ser la adolescencia. Por eso, aunque les pide que tengan disciplina y constancia, también es cercana a ellos y ellas y les escucha no sólo para orientarles, sino porque eso la ayuda a perfeccionar sus clases. “Mejoro a través de la retroalimentación que me dan”.

Ese ha sido su secreto para ser una maestra ejemplar, de aquellas que marcan y se recuerdan. “Si yo pudiera moldear a mi maestra ideal, sería como la miss Romina. Es alguien a quien le tengo muchísimo cariño. Todos nuestros profesores deberían seguir su ejemplo”, afirmó Briana.

Para Gabriel Díaz, ella es alguien que atiende siempre los detalles. “Desde el primer día se esfuerza en aprenderse el nombre de cada uno, mientras que a los demás profes eso no les interesa, pasan lista y ya”.

“A muchos nos ayudó a salir delante de situaciones complicadas”, relató Rodrigo, alumno que encontró en las actividades del salón una vía para regular sus emociones. “El hecho de simplemente dibujarlas o saber que hay alguien que te comprende me ayudó a ser mejor persona. Ahora estoy más concentrado y mi rendimiento escolar subió”.

Para Ximena Gutiérrez, del quinto año, la miss Romina es una persona que se preocupa por sus muchachas y muchachos, que siempre intenta ponerse en sus zapatos, que entiende que no todos los jóvenes aprenden igual y que trata de encontrar nuevas formas para motivarlos.

“La queremos mucho y ojalá continúe siendo una de las mejores maestras de la prepa 5”, concluyeron sus alumnos.

Foto: Preparatoria 5.
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